El movimiento de índices me hizo asumir que en las pantallas se mostraba un catálogo infinito. Los compradores buscaban con ilusión y en algunos casos con lágrimas en los ojos.
¿Dónde estába? En una tienda piloto de inteligencias.
Eran inteligencias únicas, irrepetibles y curiosas que, como decía un bigotudo con sonrisa de pantalla, dotaban a su acreedor de un aire único, irrepetible y curioso. Me impresionó ver la cantidad de personas insuficientemente únicas, irrepetibles y curiosas haciendo cola, y me puse en cola.
Eran inteligencias únicas, irrepetibles y curiosas que, como decía un bigotudo con sonrisa de pantalla, dotaban a su acreedor de un aire único, irrepetible y curioso. Me impresionó ver la cantidad de personas insuficientemente únicas, irrepetibles y curiosas haciendo cola, y me puse en cola.
Las inteligencias no estaban separadas por categorías. Solo seguían un orden alfabético. Todas costaban lo mismo y uno no estaba permitido de comprar más de una con la misma identidad. Seguro algunos llevaban más de una (inteligencia e identidad).
Solo se vendían tres ejemplares de cada inteligencia con la garantía de que los acreedores de dicha inteligencia no vivirían jamás en el mismo país. Uf. Sería terrible descubrir que no eres único, irrepetible y curioso, por lo menos dentro de tu círculo.
Solo se vendían tres ejemplares de cada inteligencia con la garantía de que los acreedores de dicha inteligencia no vivirían jamás en el mismo país. Uf. Sería terrible descubrir que no eres único, irrepetible y curioso, por lo menos dentro de tu círculo.
Aquí las que rescató mi dedo índice:
Inteligencia de pelar bien alcachofas.
Inteligencia de recordar nombres de mozos en restaurantes.
Inteligencia de empacar sin que la ropa se arrugue.
Inteligencia de no perder nunca un avión.
Inteligencia de memorizar poemas.
Inteligencia de no acumular papelitos en la billetera.
Inteligencia de comprar solo lo que necesitas.
Inteligencia de encontrar buenas ofertas.
Inteligencia de fingir que entiendes algún idioma que no entiendes.
Inteligencia de inventar un idioma.
Inteligencia de hablar en el idioma de la p.
Inteligencia de mover las orejas.
Inteligencia de no manchar la ropa blanca.
Inteligencia de terminar el café antes de que se enfríe.
Inteligencia de no olvidar que la ropa mojada se abomba.
Inteligencia de decirle a otro que tiene un perejil en el diente.
Inteligencia de saber elegir bien el perejil.
Inteligencia de comprar la cantidad de perejil necesario.
Inteligencia de olvidar los malos ratos verdes.
Inteligencia de callar.
Inteligencia de saber qué decir en la sala de espera de un hospital.
Inteligencia de comer solo un cuadrado del chocolate grande.
Inteligencia de nunca ser demasiado grande.
Inteligencia de no creerse inteligente.
Inteligencia de recordar nombres de mozos en restaurantes.
Inteligencia de empacar sin que la ropa se arrugue.
Inteligencia de no perder nunca un avión.
Inteligencia de memorizar poemas.
Inteligencia de no acumular papelitos en la billetera.
Inteligencia de comprar solo lo que necesitas.
Inteligencia de encontrar buenas ofertas.
Inteligencia de fingir que entiendes algún idioma que no entiendes.
Inteligencia de inventar un idioma.
Inteligencia de hablar en el idioma de la p.
Inteligencia de mover las orejas.
Inteligencia de no manchar la ropa blanca.
Inteligencia de terminar el café antes de que se enfríe.
Inteligencia de no olvidar que la ropa mojada se abomba.
Inteligencia de decirle a otro que tiene un perejil en el diente.
Inteligencia de saber elegir bien el perejil.
Inteligencia de comprar la cantidad de perejil necesario.
Inteligencia de olvidar los malos ratos verdes.
Inteligencia de callar.
Inteligencia de saber qué decir en la sala de espera de un hospital.
Inteligencia de comer solo un cuadrado del chocolate grande.
Inteligencia de nunca ser demasiado grande.
Inteligencia de no creerse inteligente.
Me hubiera gustado comprar sobre todo esa última. Lamentablemente, como no cuento con la inteligencia de nunca olvidar la billetera y tampoco con la inteligencia de volver a lugares desconocidos en los que estuve antes, nunca pude regresar y es por eso que ahora me creo lo suficientemente inteligente como para compartir este absurdo relato.
No comments:
Post a Comment