Alguna vez escuché que cuando te desvelas es porque alguien está pensando en ti. Me gusta creerlo, así no sea cierto, porque eso le da un poco más de sentido a un momento de lucidez que brota dentro de un tiempo muerto.
De repente, los ojos se abren y miras al techo. Debates entre obligarte a dormir, entregarte al ir y venir de la cabeza, o descansar despierto como el guardián de una ciudad que sueña. He decidido ser guardián, escuchar grillos y habitar una Lima sin carros. Lima la silenciosa está despierta y yo puedo oírla, olerla, sentirla. Soy testigo de un milagro y los grillos también.
El aire no circula porque es febrero. A diferencia de ayer (también me desvelé), no estoy sudando. El calor no me ha despertado. Tal vez hoy alguien realmente esté pensando en mí. Imaginaré que sí. ¿Quién será? ¿De qué manera? ¿Con cariño, rabia, retorcida o distraídamente?
Un poco de brisa me vendría bien pero no me quejo porque estoy fascinada con el hecho de no poder responder ninguna de mis preguntas. Me voy a entregar al misterio. Jugaré con ese misterio. ¿Si pienso en alguien, esa persona despertará? Decido pensar en alguien. Estoy convencida de haber despertado a ese alguien. Luego pienso en alguien más. Vienen a mí nombres. Ya he despertado a trece personas. Tal vez tenga poderes. Tal vez los tenemos todos.
Me pregunto si los demás también saben que tienen poderes, si escuchan los grillos, si miran el techo o si fueron por un vaso de agua. Tengo sed pero prefiero que mis pies no toquen el suelo. Esto es demasiado importante para poner los pies en el suelo: estamos pensándonos sin saberlo.
Siento la urgencia de enviar un telegrama de último minuto para salvar a todos los ilusos desvelados que creen que abrir los ojos de noche no tiene ningún sentido. No lo hago. Eso aniquilaría más el pobre misterio opacado por twits, hashtags y soniditos estridentes. ¿Por qué necesito que lo sepan? ¿Por qué necesitan saberlo? Esas dos preguntas son mi música de fondo. Los grillos hacen el coro. Yo sigo imaginando a todos los desvelados salvándonos de la soledad que ha venido a meterse debajo de nuestras sábanas como un duende.
Imagino que de nuestras cabezas salen antenas receptoras que captan selectivamente algunas ondas. Captarlas todas sería demasiado. Y así, de repente: veo que dos almas se conectan. Ahora son tres. La cuarta se ha ido por su lado. Es hermoso. Un tejido sutil nos une a todos mientras dormimos.
Algunos ilusos con los ojos abiertos dirán que lo mío es una dulce mentira. A ellos les deseo suerte contando ovejas. Estoy convencida de que el poder somnoliento de las ovejas es la única mentira en esta noche.
Osea que es tu culpa que me despierte tres veces en la noche! :)
ReplyDeleteJajaja! Lo mismo iba a decir :) <3
ReplyDeleteGracais por compartir angie, me gusto mucho y si creo totalmente que estamos conectados por hilos invisibles.
ReplyDelete