Sunday, June 4, 2017

La Marcha de los Desadaptados

Y marchamos todos, en fila india, 
dibujando un elefante con nuestro recorrido.

Marchamos sin pelos en la lengua, 

con gargantas abiertas y ojos cerrados
cantando himnos tragi-cómicos con nuestras manos
(nuestro andar, como siempre, se mantuvo silencioso).

Marchamos los de manías pequeñas como cerrar cajones,

estirar alfombras, recoger pelusas.
Marchamos los de grandes ambiciones como aprender a amar,
llegar a la luna, salvar el mundo.

Marchamos los de cuerpos grandes y pies pequeños,

los que llevamos el corazón en las manos,
los que decimos hincapié, correveidile y paralelepípedo,
y marchamos también los de palabras simples y punto.

Nuestros corazones marcharon por sí mismos,

y junto a ellos, un grupo de niños.

Marchamos en retroceso, 

mirando hacia adelante, 
y no nos pisamos los talones.

Marchamos cantando, silbando, golpeando ollas 

soltando hipos y saltando.

Marchamos porque quisimos marchar.
Marchamos para hacernos espacio.
Marchamos para desadaptarnos un poco más.
Le marchamos a la normalidad que amenazó nuestros sueños.

Marchamos con miedo a morir congelados,

congelados y muy aburridos.

Marchamos los pequeños héroes fracasados,

los soñadores, los abatidos y los poetas
con nuestras mascotas
y llevamos bolsitas para su caca.

Marchamos molestos y felices

hasta el amanecer,
y nos metimos al mar.

Marchamos para dejarle a la ciudad

un legado:
una calle en forma de elefante.

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